> UN PALIATIVISTA SUELTO EN MANILA

Duelo y escuelas al otro lado del mundo

Por Alejandro Nespral

Manila, Filipinas, noviembre de 2025

Ahora ya sé dónde queda el país Filipinas, hace unas semanas no lo tenía tan claro, especialmente cuando una tarde cualquiera me mandó un mensaje random Mercedes (Mercedes es Mercedes Bernadá, de Uruguay, amiga y pediatra referente de los cuidados paliativos pediátricos de su país, y de la región), y me dice:

– “Ale, ¿cómo te ves viajando a Manila?

– ¿A dónde?, pensé.

– “Este año se va a hacer en Manila (Filipinas, rápidamente chequeé en Google) el 4° Congreso Internacional de Cuidados Paliativos Pediátricos organizado por ICPCN (ICPCN es, digamos, la asociación internacional de cuidados paliativos pediátricos) y me gustaría proponerte como uno de los colegas hispano parlantes que puedan participar”.

Quedé medio abombado con la oferta, de hecho, al principio entendí que la invitación era para sumarme de manera virtual (ay Ale, animate a soñar). Dije que sí, sin entender del todo ni dónde quedaba Filipinas, ni si era una eventual participación virtual ni mucho menos qué tenía que ir a hacer o decir.

«¡Nos sacamos tenemos que sacar una foto!», dijo una enfermera de Vietnam, al terminar el taller. Es raro, pero a la vez tan cercano, a fin de cuentas, duelo y muerte son idiomas universales.

Pasaron las semanas, y una tarde recibí el mensaje.

-“Ale, prepará tus valijas, te vas a Filipinas”.

Esa es una frase que no sé si alguna vez voy a volver a escuchar. En ese momento faltaba todavía bastante para noviembre. Le pregunté, haciéndome el médico serio, pero por dentro en realidad sorprendido y flasheado.

– “¿Y de qué tengo que ir a hablar?”, y ahí vino la otra respuesta que me dejó pies al norte.

– “La invitación es para que vayas a contar la experiencia del Proyecto Duelo en Escuelas”.

Para quien me esté leyendo y no esté tan en tema les cuento. Allá por el año 2014, en mi ciudad, en Bariloche (Patagonia Argentina) junto con mis adoradas amigas, psicólogas pero sobre todo amigas y queridas, pusimos la piedra fundamental que dio vida a la Fundación Ideas Paliativas en Acción (Fundación IPA, en tributo a nuestro brebaje favorito) y comenzamos a dar unos tallercitos sobre el tema del duelo y la muerte y su impacto en las escuelas. Qué es el duelo, qué podrían saber o aprender los equipos docentes, algunas referencias de cómo acompañar niños, niñas y adolescentes en duelo. Al poco tiempo comenzamos a asesorar a escuelas de nuestra ciudad cuando algún integrante moría o estaba por morir, espacios de tutorías para equipos de educación para pensar junto a ellos cómo organizarse, cómo planificar acciones, en definitiva, algunas ideas de cómo incluir la muerte y el duelo en sus aulas, patios y currículas. El resto es historia.

«Necesitamos tener herramientas para acompañar nuestros estudiantes cuando tenemos situaciones de duelo, porque no nos forman como maestras», dijo una docente de un pueblo de Filipinas, como podría decir cualquier maestra, de Bariloche, Auckland o Praga.

Esas acciones, talleres, charlas, asesorías, dieron lugar al Proyecto Duelo en Escuelas, donde con el paso de los años se siguió sumando gente querida y viajamos, capacitamos aquí y allá, lo presentamos en congresos de salud y educación, fuimos a radios y diarios y hasta produjimos algunos artículos científicos al respecto (podés zambullirte en www.fundacionipa.org y buscar más info). Todo con una meta y una convicción: las escuelas pueden ser, más bien son, espacios donde hablar de la muerte y el duelo, más aún, muerte y duelo pueden ser pensados como temas propios de la educación.

Ya lo dijimos alguna vez: cuidado con lo que soñás, unos pequeños tallercitos pueden transformarse en algo grande.
Ayer tuve una oportunidad de ésas que no sé si se van a repetir: durante varias horas compartí un taller con gente de Filipinas, Australia, República Checa, Tailandia, India, Nueva Zelanda, España, Vietnam y algún lugar más que no recuerdo hablando de muerte, duelo y escuelas. De cómo las escuelas pueden jugar un rol clave en la inclusión de estos temas en la currícula.

Hablamos, pensamos, compartimos. ¿Una escuela en la India es muy distinta a una escuela de Etiopía? ¿Los juegos que juegan en el recreo las niñas tailandesas son muy distintas los que juegan en Polonia? Quizás sí, pero probablemente quizás no. Lo que seguro es mucho, pero mucho parecido de lo que podamos imaginar son los temas que nos vuelven humanos.

“Vengo a este taller para incorporar herramientas para ayudar a mis alumnos cuando tienen que atravesar un duelo”, dijo una maestra de una ciudad de Filipinas que no logré retener, cuando se presentó, iban 5 minutos de taller y todos mis nervios comenzaron a relajarse, a fin de cuentas el huso horario no altera algunas cosas: aquí, allá, y mucho más allá hay patios, hay aulas, hay duelos y hay muchas maestras y muchos profesores con un desafío: estar ahí, cuando uno de sus alumnos, de sus alumnas enfrente algo universal, el dolor por alguien que no está.

Corto acá, después sigo, que está por arrancar la charla inaugural del congreso.

* * *

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