> MIRADAS
¿Puede la psiquiatría determinar lo “irremediable”?
A propósito de Noelia
Por Isabel Pincemin
Buenos Aires, Argentina, abril de 2026
Presentar los trastornos mentales como condiciones carentes de tratamiento, como aparece en los motivos de la eutanasia de Noelia Castillo, implica un golpe devastador para la salud de los pacientes. Al etiquetar el Trastorno Límite de la Personalidad como algo “incurable”, los medios refuerzan el estigma y minan la voluntad de quienes hoy luchan por su estabilidad. Es imperativo contrarrestar esta visión con una realidad clínica basada en la evidencia: el mensaje de desesperanza actual no refleja la práctica diaria y sólo profundiza el sufrimiento de quienes se ven reflejados en estas noticias.
El diagnóstico de un trastorno mental grave, como el Trastorno Límite de la Personalidad, no es un camino sin salida, como parece haberse supuesto en la situación de Noelia. Al contrario de lo que proyectan ciertas noticias, estos cuadros responden positivamente a los abordajes adecuados. El dolor emocional, por intenso que resulte, tiene tratamiento. Ni la tristeza persistente ni la desesperanza son estados irreversibles; con el apoyo clínico necesario, es posible transformar ese vacío afectivo en estabilidad y recuperar el bienestar que la enfermedad parece haber arrebatado.
El sufrimiento de la enfermedad mental puede ser, a veces, incomprensible hasta para el mismo sujeto que la padece y, sobre todo, romper la continuidad del yo y afectar la libertad interior. Esta vivencia, que desorganiza la vida de quien la padece, exige una mirada clínica y científica, pero sobre todo profundamente humanista y existencial. La misión de la medicina es la persona en su totalidad: un ser vulnerable al dolor que busca ayuda para restaurar su integridad biográfica y emocional. Atender al sufrimiento no es sólo tratar un síntoma, es acompañar al paciente en la reconstrucción de su sentido de vida y su bienestar.
La enfermedad mental no es sólo un diagnóstico objetivo; es una transformación profunda de la existencia de quien la vive. El paciente no necesita únicamente una explicación científica de su patología, sino la comprensión humana de su sufrimiento: requiere ciencia y compasión. Por ello, es vital apostar por modelos de recuperación (recovery) donde la persona sea el centro. El objetivo no es sólo eliminar síntomas, sino ayudar al paciente a reconstruir una vida con sentido y autonomía, reafirmando que humanizar la atención es una exigencia ética ineludible. Seguramente, en esta tarea, los profesionales de la salud podrán valerse de múltiples instituciones e iniciativas sociales interdisciplinarias que constituirán una red de apoyo para sus pacientes y un auxilio imprescindible del abordaje clínico.
A propósito del intenso sufrimiento y posterior eutanasia de Noelia, la Dra. Marina Díaz Marsá, Presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, afirma: “Si comprendemos la naturaleza del sufrimiento de los trastornos mentales y la pérdida de libertad mediada por la enfermedad mental en la toma de decisiones, entenderemos el porqué del quehacer clínico de los psiquiatras: restaurar esta libertad desde la superación y el tratamiento adecuado de la enfermedad mental. Y hasta que la recuperación de su libertad no sea posible, debemos proteger y cuidar de la dignidad y del derecho a la vida de nuestros pacientes” (1).
«Si comprendemos la naturaleza del sufrimiento de los trastornos mentales y la pérdida de libertad mediada por la enfermedad mental en la toma de decisiones, entenderemos el porqué del quehacer clínico de los psiquiatras: restaurar esta libertad desde la superación y el tratamiento adecuado de la enfermedad mental»
La urgencia de una respuesta: el vacío en la atención de la salud mental y la ausencia de las voces profesionales
La salud mental se ha convertido en muchos países, incluido el nuestro, en una emergencia social. A pesar de la demanda, nos enfrentamos a un sistema que, a menudo, responde con lentitud, fragmentación y una preocupante falta de recursos. Esta carencia no es sólo un dato en los registros estadísticos, sino una realidad que deja a miles de personas en una situación de profunda desprotección y vulnerabilidad poniendo en jaque la continuidad del cuidado. Una atención deficitaria no sólo cronifica el síntoma, sino que erosiona la identidad y la esperanza del paciente. No podemos permitir que la falta de psicólogos, psiquiatras y programas de rehabilitación convierta transtornos tratables en callejones sin salida existenciales. La atención en salud mental no debe ser un privilegio, sino un derecho ejercido desde una mirada que combine el rigor científico con la calidez humana y el acompañamiento del redescubrimiento de los horizontes de sentido de la propia vida.
«Habla el Estado, revelando déficits en la atención a sus derechos; hablan las leyes en su lenguaje abstracto y generalizador; hablan los reglamentos, hablan los Tribunales… Pero, ¿dónde está la voz de los profesionales custodiando los bienes fundamentales de Noelia?»
En la información sobre el itinerario de Noelia hasta su eutanasia, se extraña la voz de los profesionales de la salud que la atendieron. Habla el Estado, revelando déficits en la atención a sus derechos; hablan las leyes en su lenguaje abstracto y generalizador; hablan los reglamentos, hablan los Tribunales…Pero, ¿dónde está la voz de los profesionales custodiando los bienes fundamentales de Noelia? ¿Estamos ante una nueva burocratización en medicina? No perdamos nuestra libertad de actuación ni nuestra responsabilidad. Aunque a veces arriesguemos algo, proteger la dignidad humana siempre vale la pena.
* * *
(1) «Esperanza en Psiquiatría, publicado el 31/03/26 en https://sepsm.org/esperanza-en-psiquiatria/
ISABEL PINCEMIN
Médica certificada en Cuidados Paliativos.
Profesora de Filosofía. Diploma de Estudios Avanzados en Filosofía de la Cultura.
Vive y trabaja en Buenos Aires, Argentina.
Es columnista recurrente en Cultura Paliativa.
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