COLUMNAS

Death techs: una mirada antropológica #4

Quitarse la vida de forma práctica: el caso de SARCO

Quitarse la vida de forma voluntaria es, ciertamente, una práctica que ha acompañado a nuestra especie desde tiempos que se extienden más allá de los registros escritos que tenemos al respecto. Más aún, este fenómeno ha estado generalmente asociado, tanto en épocas antiguas como en la actualidad, a técnicas específicas que han buscado, sea en un sentido práctico y/o simbólico, realizarlo dentro de los márgenes de lo que podríamos considerar “honroso” o “humano” (lo cual significaría, en términos sociales, que coincida con los valores morales considerados positivos por una cultura específica en un momento dado). Por supuesto, usamos las categorías “honor/dignidad” y “humanidad” conscientes de las tensiones éticas y filosóficas que suscitan.

El debate acerca de las técnicas y tecnologías para quitarse la vida se ha reabierto recientemente a causa del impacto que ha tenido el último invento del médico australiano Philip Nitschke: SARCO. Esta especie de cápsula futurista permite a quien la utiliza quitarse la vida mediante hipoxia inducida, lo que significa disminuir el nivel de oxígeno en sangre de manera controlada a través del uso de gases como el nitrógeno. El invento está específicamente pensado para ser práctico, ya que puede ser generado por una impresora 3D y ensamblado en la propia casa sin ningún tipo de conocimiento experto. Frente a su primer uso en Suiza, un país en el cual el suicidio asistido es legal bajo ciertas condiciones, varias personas fueron detenidas, y vuelven a surgir las reflexiones que el caso merece: ¿es SARCO una manera “humana” de acabar con la propia vida?

No es el objetivo aquí responder esta pregunta (que se la dejaremos a juristas y bioeticistas), pero la situación es un buen puntapié para pensar algunas cuestiones relacionadas con las formas en que las personas buscamos terminar con nuestra propia vida de manera voluntaria. En principio, cuando se debate sobre estas cuestiones, el foco generalmente va hacia la tecnología o práctica en sí: ¿es humano? ¿Es inhumano? Pero (y he aquí el aporte que puede hacer la ciencia social al respecto) tenemos que entender que ninguna práctica es inherentemente buena o mala, honrosa o no, y que el hecho de que tome uno u otro significado depende en gran parte del contexto en el cual ocurre y los valores con los cuales discute o se alinea. En este sentido, la cápsula SARCO, como tecnología para el suicidio, y sus implicancias éticas deben ser comprendidas en función de los rasgos ideológicos propios del grupo humano en el cual fue creada y utilizada. Un sentido prominente en los países donde el suicidio asistido es una práctica legal, y al cual nuestro país no escapa en absoluto, es el individualismo. Y SARCO es, lamentablemente, una reproducción bastante directa de ese valor: una muerte aislada, en la soledad de una cápsula y en la cual el componente fundamental (o al menos el más reivindicado) es la autonomía individual de la persona, junto con la practicidad y la eficiencia. Apretar el botón que libera el nitrógeno es una decisión propia, aislada del resto de las personas, como también lo es apretar el botón de emergencia en caso de arrepentirse.

La cápsula SARCO en el bosque suizo donde fue utilizada por primera vez.

La pregunta no es entonces si la cápsula SARCO es o no una forma digna de quitarse la vida, sino que nos lleva a pensar si el escenario que queremos fomentar es aquel en el cual nuestro foco está puesto en crear herramientas suicidas para quienes no encuentran sentido a su vida, en lugar de construir una sociedad integrada en la cual todos podamos sentirnos plenos o suficientemente acompañados en forma física y emocional en caso de que esa plenitud no pueda ser habitada debido a una enfermedad o coyuntura que lo impida.

Como ha ocurrido en otros momentos de la historia contemporánea, los avances tecnológicos son mucho más rápidos que las reflexiones éticas acerca de sus implicancias.

DARÍO IVÁN RADOSTA

DARÍO IVÁN RADOSTA

Doctor en Antropología

Oriundo de General San Martín (provincia de Buenos Aires, Argentina), después de un secundario dedicado a la electrónica, decidió probar suerte en la Antropología, para buscar respuesta a las preguntas que se venía haciendo hacía tiempo. Se dedica a investigar las prácticas de cuidado en final de vida dentro del movimiento hospice en Argentina. En 2022 presentó su tesis doctoral, en la cual continuó intentando entender la forma en la que los seres humanos nos vinculamos con el morir.
Participa de varios proyectos de investigación dedicados a promover la (re)inclusión de la muerte dentro del cotidiano de la vida social. Además, es docente en la Universidad Nacional de San Martín y en la Universidad Favaloro. En su tiempo libre intenta jugar al hockey y de a ratos se dedica a su pasión no académica: tocar el piano.

Su proyecto de difusión: Hablemos de morir

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