> FOTOGRAFÍA

Crónica de una fotógrafa en un mundo paliativo

Por Solange Bendinelli

Buenos Aires, Argentina, noviembre de 2025

“- ¿Te animarías a viajar a Bariloche para fotografiar un Congreso de Cuidados Paliativos?”


Ese mensaje me lo escribió mi amigo Ale Nespral hace ya ocho años. Cruzó el Atlántico por WhatsApp y me encontró en Barcelona, donde vivía entonces. Mi panorama emocional era un torbellino: estaba por tomar un avión a Buenos Aires para presenciar el nacimiento de mi sobrino y minutos antes de embarcar recibí la noticia de que a mi papá le habían detectado un tumor en su garganta.

En el mismo hospital, en apenas dos semanas, viví dos experiencias que parecían imposibles de sostener en un mismo cuerpo: el milagro de acunar una vida nueva que llevaba los ojos de mi madre y, al mismo tiempo, el miedo desgarrador de mirarle la cara a mi papá después de su cirugía para compartirle la noticia que nunca hubiese querido pronunciar.

No sé qué energía misteriosa hizo que en medio de ese umbral emocional dijera sí a un viaje a la Patagonia para sumergirme durante cuatro días en palabras como muerte, sufrimiento, cuidados, humanidad. Quizá fue la certeza de sentirme acompañada por Ale, que cada día me preguntaba cómo estaba, si necesitaba hablar. Me abrió las puertas del piso de Cuidados Paliativos en el hospital donde trabajaba: un espacio donde el aire parecía tener otra densidad, como si la fragilidad, el amor y la luz fueran una misma materia vibrando entre quienes cuidan.

Después vino la conferencia de prensa, el Pre Congreso y, al día siguiente, la apertura del IX Congreso Argentino de Cuidados Paliativos en un salón con vistas inigualables al Lago Nahuel Huapi. Esa fue mi primera vez. Y hoy, 2025, escribo estas líneas desde otro paisaje inolvidable: las sierras cuyanas rodeando el hotel de Potrero de los Funes en San Luis, repitiendo la experiencia de un Congreso Argentino por quinta vez. Frente a una laguna que espeja el cielo sonrío desde que me levanto hasta que me acuesto. A veces pienso: ojalá mi vida fuera siempre así.

¿Por qué me pasa esto con los Cuidados Paliativos? ¿Qué hace que una fotógrafa se enamore de estos encuentros y elija quedarse? Hace unos días escuché esa pregunta. Decidí tirar del hilo.

Creo que tiene que ver con esa pasión por atravesar los límites de lo visible. Buscar detalles, sutilezas, gestos. Historias que esperan un espacio seguro para compartirse. Fotografiar en estos congresos es un ejercicio continuo de desarmar sesgos, de mirar de una forma nueva, de emocionarme pero respirar profundo para ver.

Cada persona contará su versión de un Congreso de Cuidados Paliativos. La mía se parece en algo a los festivales de música que fotografiaba en mis veranos españoles: días largos e intensos, correr de un escenario a otro, observar abrazos, testimoniar la complicidad, participar de conversatorios, capturar el movimiento, afuera y adentro, siempre.

galería de fotos

Este año descubrí cuánto puede acompañarnos un ojo que mira. Cómo las imágenes pueden reflejar lo que somos y, al mismo tiempo, invitarnos a mirarnos hacia adentro: ¿quiénes somos? ¿qué nos duele?¿qué nos iguala?

En San Luis pasó de todo: lo bello y lo difícil de escuchar, lo tierno de contar un secreto y acompañar, la emoción del reencuentro, el conocimiento compartido con pasión, el brillo en los ojos de quienes sienten que volvieron a casa, donde sea que toque el reencuentro. Médicos, psicólogas, enfermeras, psiquiatras, kinesiólogos, trabajadores sociales, voluntarios, nutricionistas, terapéutas, comunicadores. Humanos que cuidan y acompañan el sufrimiento físico y espiritual en el final de la vida. Una marea de almas que durante cuatro días tejen redes, aprenden, cuestionan, difunden, repiensan, hacen visible lo que tantas veces permanece invisible: los Cuidados Paliativos.

Este año descubrí cuánto puede acompañarnos un ojo que mira. Cómo las imágenes pueden reflejar lo que somos y, al mismo tiempo, invitarnos a mirarnos hacia adentro: ¿quiénes somos? ¿qué nos duele?¿qué nos iguala? De eso pudimos conversar en el Primer Taller de Fotografía y Medicina que junto con la Psiquiatra Gabriela Florit facilitamos para toda la comunidad paliativa. Un espacio que construimos para el diálogo y la reflexión crítica del rol profesional en el escenario paliativo, pero que sin duda nos transportó al escenario íntimo, al pasado y al presente, convocando a que cada uno pueda, no sólo contemplar y observar en silencio imágenes, también construir un breve relato de lo que ellas despiertan en nosotros. Las imágenes construyen narrativas que necesitamos sean escuchadas y compartidas. 

Me quedaría a vivir en este entusiasmo, en esta catarata de amor que aparece cada vez que escucho: “Solcito, ¿me hacés una foto?”

No sé si este texto debería haber sido una crónica o una lista ordenada de sucesos. Solo sé que intento contar qué hago acá, por qué viajo, fotografío, escribo, por qué vuelvo una y otra vez a estos encuentros.

Porque acá la mirada se vuelve un puente, la fragilidad se vuelve sagrada y la belleza, por fin, deja de esconderse. Por eso permanezco. Por eso sigo, cámara en mano, corazón abierto. Porque en los Cuidados Paliativos encontré una forma de mirar que, cada año, me recuerda cómo quiero vivir.

* * *

SOLANGE BENDINELLI

Fotógrafa.

Con su mirada, Sol busca cuidar y transformar. Formada en Fotografía Terapéutica en Buenos Aires y Barcelona, explora el poder de las imágenes como lenguajes de bienestar y acompañamiento. Desde 2017 documenta los eventos de la Asociación Argentina de Medicina y Cuidados Paliativos. Es parte del equipo de Cultura Paliativa. Desde Casa Oliva, en su Saavedra natal, continúa creando imágenes que sanan y conectan.

 

 

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